Josefa Murillo

ALONDRA DEL PAPALOAPAN

 
Introducción: 


El nombre de la Poetisa Tlacotalpeña JOSEFA MURILLO CARLÍN, lo tengo grabado en la memoria del oído, desde los CUATRO AÑOS de EDAD:

 

Pertenecí al GRUPO que en aquel lejano 1941, FUNDARA en Tlacotalpan el JARDÍN de NIÑOS,- primero en la Ciudad-, y que hasta hoy lleva su nombre. 

 

Al paso de los años el interés a la VIDA y OBRA de JOSEFA MURILLO CARLÍN, aumentó debido a mi afición a la LITERATURA, y a la relación de la FAMILIA MURILLO con mi esposa:

 

 María del Carmen Silva MURILLO., -Macamen-.

 

Leamos el por qué: los Padres de la POETISA fueron: Don Mariano Murillo y Doña Manuela Carlín; procrearon siete hijos que  nacieron en este orden: Miguel, JOSEFA, Ana Maria -que murió muy pequeña-, Luz, Juan, Luis y Mariano.

 

Luis, fué el Padre de la mamá de mi esposa: -Doña Joaquina Murillo Pérez-; de donde, el ABUELO de mi esposa, fué el penúltimo hermano de la inigualable POETISA.

 

Por último, debo señalar que en esta PÁGINA desdemiverderibera.org en la VENTANA GALERÍA POÉTICA, hablo de la calidad excepcional del también finísimo

Poeta DON LUIS MURILLO CARLÍN y de esa relación existente.

 

 

ALGO DE LA VIDA DE LA POETISA

 

 

Bien, JOSEFA MURILLO CARLÍN, nació en TLACOTALPAN Estado de Veracruz, el 20 de Febrero de 1860., en una casa de la Calle del Río hoy llamada Miguel Z. Cházaro No. 16 haciendo  esquina con el "Callejón" que actualmente lleva su nombre.

 

Inició sus estudios de las primeras letras, con Doña Cruz y Doña Laura,

-hermanas de su mamá-, que tenían una ESCUELA para NIÑAS.-

 

 La Poetisa, era de constitución delicada y débil, pero dotada de una gran vivacidad, que curiosamente le permitía subir con gran rapidez  a los árboles.

 

Su gran amor al estudio, -en una ocasión sin que nadie lo supiese-, la llevó a escribir una carta al Presidente de la República Don Benito Juaréz, solicitándole su intervención, para colocarla en una Escuela, donde pudiera realizar sus estudios de CIENCIAS y LETRAS.

 

Esta carta, fue encontrada de manera infortunada por una de sus tías; quien para protegerla de su afección bronquial casi crónica, la dio a conocer a sus Padres, quienes destruyeron el incipiente proyecto de la joven.

 

Esto, no fue obstáculo para que siguiera escribiendo y se distinguiera en el circulo familiar por su inclinación a VERSIFICAR; transcendiendo su fama a toda la población, cuando a la edad de quince años, se conocieron sus primeras composiciones.

 

 Sobre su escritorio-librero -se conserva en el Museo Salvador Ferrando de Tlacotalpan- en su cuarto, se encontraban compases, reglas, escuadras, lápices con los que hacía trazos de barcos y aparatos para volar, nacidos de su invención.

 

En su afán por cultivar sus conocimientos aprendió por si sola, el FRANCES, LATÍN e INGLÉS, valiéndose siempre, de los libros de su Padre el DOCTOR MARIANO MURILLO.

 

En la temporada del corte de caña de azúcar, -cuando  la FAMILIA MURILLO CARLÍN alojaba  en uno de los TRES CORREDORES de la CASA, a los TRABAJADORES INDÍGENAS OAXAQUEÑOS y MIXTECOS-; PEPILLA, cuando regularmente seasomaba por una de las ventanas para disfrutar de un medido refrigerio, escuchaba y aprendía las PRIMERAS PALABRA de esas LENGUAS ABORÍGENES; logrando hablar en poco tiempo y de manera perfecta, la LENGUA ZAPOTECA.

 

Como una información suelta, déjenme señalar, que no tengo conocimiento de ninguna OBRA de la POETISA JOSEFA MURILLO CARLÍN, creada en otra LENGUA que no halla sido  la ESPAÑOLA. 

 He sostenido desde siempre, que el PAPALOPAN en mi verde ribera, es la inspiración misma donde se refugia el alma del que escribe; y JOSEFA MURILLO CARLÍN encuentra en el  murmullo de sus aguas, el abrigo al canto de sus penas que escapaban: 

 ECOS

No teniendo a quien decirle

lo que pasaba en mi alma,

porque es el amor primero

secreto que bien se guarda;

 dije al cielo, junto al río,

mi deseo y mi esperanza;

y las olas que venían

a besar la verde playa,

respondieron sonorosas:

¡Mañana!

Mis primeros desengaños

a nadie quise confiar,

pues sé que algunos se burlan

del llanto de los demás;

por eso, junto a ese río

que a solas me vió soñar,

pregunté a Dios si no vuelve

la ventura que se va:

y las ondas que venían 

la verde playa a besar,

respondieron quejumbrosas:

¡Jamás! 

Josefa Murillo Carlín

 

 

La POETISA, con un talento excepcional y de figura fragilmente femenina, supo de un amor que desgraciadamente trágico y conmovedor, evitó realizar el sueño de cualquier mujer enamorada.

 

 

CONTRASTE

Sobre los tronco de las encinas,

paran un punto las golondrinas

y alegres notas al viento dan:

¿Por qué así cantan? ¿qué gozo tienen?...

Es porque saben de donde vienen

y a donde van.

En este viaje que llaman vida,

cansado el pecho y el alma herida,

tristes cantares al viento doy:

¿Por qué así sufro? ¿qué penas tengo?...

Es porque ignoro de donde vengo

y a donde voy...

 

                                                          Josefa Murillo Carlín

 

 

JOSEFA, era novia enamorada de un joven Tlacotalpeño llamado Lorenzo de la Puente Aguirre, de quien no tenía dudas, sería su compañero fiel para toda la vida.

Lorenzo -un empleado de confianza- trabajaba en la  hacienda San Nicolás por el Río San Juan y cercana a Tlacotalpan; donde la dueña era su tía Doña María del Pilar Aguirre Vda. de Sheleske.

 

Este amorío mecido por la brisa ribereña, contaba con la anuencia de la familia. Pero en un instante fué entristecido por la fatalidad:

 

Lorenzo,  víctima en aquel tiempo de la llamada "fiebre perniciosa", murió en solo tres días, sin que hubiera médico alguno que pudiera salvarlo del terrible mal.

 

Una "lancha viajera", que hacía la ruta de Tlacotalpan-San Nicolás-Tlacotalpan para  transportar personas y necesidades; sirvió para conducir los restos mortales de Lorenzo.

 

Este doloroso acontecimiento, hirió el alma de la Poetisa de tal manera, que su pensamiento profundo sublimado, la hace  caminar hasta el final, por el sendero de un amor imposible. 

 

 A partir de este momento, su poesía, es la tristeza misma del alma que agoniza.

 

 

DEFINICIONES

Amor, dijo la rosa, es un pefume;

amor es un murmullo, dijo el agua;

amor es un suspiro, dijo el céfiro;

amor, dijo la luz, es una llama.

¡Oh, cuánto habeís mentido!

 

¡AMOR, ES UNA LÁGRIMA!

 

                                                              Josefa Murillo Carlín

         

 

En un breve paréntisis se debe comentar, que cuando el Poeta Nayarita Amado Nervo, -con frecuencia afirmaba: "casi siempre se ama en verso"-; en algún momento decide ofrecer una selección de expresiones del más profundo sentir del amor, escoge a CUATRO ESCRITORES y a CUATRO POETAS de habla hispana de todos los tiempos.

 

 Incluye entre sus seleccionados, a la Poetisa Tlacotalpeña JOSEFA MURILLO CARLÍN, con su bello y corto poema DEFINICIONES, al lado de PENSADORES de alto relieve como Gutiérrez de Zetina con el madrigal Ojos Claros Serenos; con Eduardo Marquina  con su Salvo de Amor; Francisco A. de Icaza con la Melancolía de Heine y Rubén Darío

-el Niño prodigio de Nicaragua-, con Era un Aire Suave, entre otros.

 

Decía Nervo, de manera textual, a propósito de la composición de la Poetisa:

 

Os desafío a que encontreís algo más delicado, más ingenuamente bello, más perfecto que esta DEFINICIÓN;

 

añadía:

 

Es una Poetisa Veracruzana, que vivió escondida y murió en flor...como una violeta.

 

 

Doña Fidela Puente MURILLO -sobrina directa de ella, a la que traté y conocí -, narrabaque en una ocasión en que la Poetisa le enseñaba a su hermana Luz un par de cajas que habían contenido galletas,-decoradas con gran gusto y exactamente iguales que en aquel tiempo llegaban con frecuencia de España; dondeguardaba en una: las CARTAS y RECUERDOS de LORENZO; y en la otra,sus PENSAMIENTOS ESCRITOS; le dijo:

 

LUZ: cuando muera, coloca en mi ataúd esta caja; -al mismo tiempo que le señalaba la que contenía los únicos recuerdos de su gran amor-; LUZ en silencio acepta su responsabilidad, y ambas cajas son guardadas en el fondo de su escritorio.

 

A partir de este instante, su lectura y dedicación a escribir se acentúan de manera intensa; haciéndolo siempre en el silencio de la noche.

 

Recordemos que la Poetisa, era de constitución débil y que con cierta frecuencia sufría ataques de asma; y que estos, de alguna manera afectaban cada vez más su resistencia joven.

Su salud, se complicaba dramáticamente con la aparición de un mal epático.

 

El Doctor León Malpica Soler, recomendó reposo absoluto, restringuiéndole escribir y leer por las noches; la razón: el alumbrado con petroleo resultaba sumamente perjudicial para sus vías respiratorias.

 LUZ, se encargaba de retirar cada noche aquella lámpara de petroleo, para brindarle protección a su querida hermana.

 

Este hecho resultaba toda una tragedia para la Poetisa; que de momento, se veía aislada del mágico mundo de las letras.

 

En silencio aceptó la sindicaciones medicas, y tomó,-para mí-, la desición poética más hermosa que jamás me contaran:

 

A escondidas; compró "COCUYOS", -insecto con dos manchas amarillentas a los lados del tórax, que por las noches emite una luz azulada acariciante y viva-, los depositó en un frasco de cristal trasparente, protegiéndolos en la parte superior  con un pedazo de tela delgada, alimentándolos con sumo cuidado, con trozos de caña de azúcar.

 

Por las noches, cuando en la CASA de los TRES PORTALES todos dormían, la Poetisa escribía y leía sin descanso,  a la luz de los "COCUYOS".

 

Al despertar la mañana, escondía cuidadosamente en su ropero aquella lámpara ingeniosa, con la que iluminaba cada noche, las palabras de su pensamiento.

 

Su salud aunque se deterioraba de manera alarmante, en ningún momento le preocupaba un espacio más allá de esta vida.

 

Soy una enferma sin el consuelo de morir 

 

Señalaba el Poeta Don Ignacio M. Luchichí,-amigo fiel de la Poetisa-, que con esa frase  lo recibió al mismo tiempo que le regalaba un Soneto  Pepa Murillo.

 

Lo escribió en un noviembre, mes de luto, mes de bruma y oraciones por los muertos;al entregarlo le dijo:

 

Yo también tengo mi sepulcro, para él es éste homenaje

 

 Y le entregó el endecasílabo, desanundando el negro listón  que lo sujetaba.

 

 

FLOR de AYER

                                                                Soneto

¿Cómo negarla, si me fue pedida 

 con dulce acento y ademán huraño,

cual si temiera ocasionarme un daño

la fervorosa súplica rendida.

¿Cómo negarla? ... Vacilé aturdida,

y ante aquel modo de pedir extraño,

pensé que bien pudiera un desengaño

por una flor, acibarar su vida.

Y la entregué; pero mirando al piso,

con un temor tan grande y verdadero,

que ni hablar ne dejó, y, de improviso,

dióla un beso mi joven caballero,

que para el álbum de sus triunfos quiso

mi flor primera y mi rubor primero.

 

                                                                                                                          Josefa Murillo Carlín

 

 

 Y así, escribiendo con su talento excepcional y la facilidad para versificar como la misma Sor Juana; se iba debilitando su salud de tal manera, que la mañana del 01 de Septiembre de 1898, la INIGUALABLE POETISA TLACOTALPEÑA JOSEFA MURILLO CARLÍN, se ausentó para siempre.

 

La ciudad de TLACOTALPAN, y el MUNDO de las LETRAS de aquel tiempo, se extremecieron con la triste noticia.

 

Transcurridos algunos meses, cuando los MURILLO se recuperaban lentamente de su dolor; tratando de arreglar los objetos personales de la Poetisa, con gran asombro descubrieron: que en una de las caja -encargadas por JOSEFA a su hermana LUZ, para su  custodia-, se encontarban las CARTAS de LORENZO y no la de la OBRA de la POETISA.

 

La CAJA que contenía su OBRA, había sido enterrada con la Poetisa de manera contraria a sus deseos.

Fue así, cómo el destino por alguna razón, no quiso que se cumpliera el anhelo de  JOSEFA: que la acompañaran en unión eterna, las reliquias dedicadas a su gran amor:  LORENZO.

 

 

Bien, esta parte de la vida hermosamente dolorosa y triste, de la ILUSTRE POETISA TLACOTALPEÑA JOSEFA MURILLO CARLÍN, la cerraré con algo que escribí, dedicado al primer centenario de su ausencia:  

 

 

ALONDRA

                                                                    Décima Espinela 

 

Limpia la brisa el cristal

de la historia donde habita,

una flor blanca, marchita

con aromas de panal.

Camino...miro el portal,

quiero recoger murmullos

de todos los versos tuyos

"Alondra del Papaloapan":

¡cada noche, cuando escapan

a la luz de los cocuyos!

Desde mi verde ribera                                     Cap. Raúl Márquez Martínez    

 

  Septiembre 05 de 1998

© Desde mi Verde Ribera
Tlacotalpan, Veracruz, México.